domingo, 28 de septiembre de 2008


Subo
Bajo
y mi cadera pule en inclinaciones tu cuerpo en la elevación de tu falo

y no Te amo

El orgasmo roza
mi rocío te lamina

Me revelo impropia
truncada

Mis movimientos se extienden

Te perpetúan

tu boca
desgasta mis senos

y no Te amo

Su rostro al cerrar mis ojos vela tu efigie

Y me acuso de su ausencia
en tu presencia

Te aborrezco un instante
y me riega tu semen

Corto mis ojos
Suprimo su rostro te miento

…te amo

cuento - KRISTIAN

“KRISTIAN”
…”a Kristian Galicia Sánchez porque su mar es el mejor amigo de mi silencio”
¿Para qué pensar?
El dolor había acabado con sus sonrisas, el alcohol regaba su pecho e inundaba la parte trasera de su guitarra, testiga de un descuartizamiento de emociones, convertida en mañanas, ayeres, tiempos olvidados del hoy.
Él, delgado, blanco, chocando con la madurez tímida de sus ojos, alto sencillo, eclipsando notas entre cada palabra.
Sus brazos movían compases, sus pasos creaban sueños, altares.
Era extraño como los espejos, temerosos de sí mismo, de sus pensamientos, del alcance de su olvido. Esa noche era triste, la luna resbalaba en la flojera del cielo, las estrellas quizás renacían en otro horizonte.
Cansado recordaba el mar y repetía en su mente la cadencia de las olas, de la brisa al tratar de compartir a su cuerpo aquella tranquilidad que el mar le regalaba en algunos momentos.
Su habitación azul, sus ojos parpadeando, el viento danzaba con los árboles, sus manos acariciando cuerdas, la ciudad vacía alumbrando sombras. Su nombre, Kristian.

Un acorde invadió la habitación, su alma tartamudeaba, intentaba decirse algo, hablar, no reprocharse. Estiraba sus piernas con movimientos lentos, reflexivos como el tiempo.
Aturdido dejo la guitarra sobre la almohada blanca, tomó una sábana, acarició su cuerpo, tapó la guitarra como si fuera una mujer. Si, aquel instrumento representaba el anhelo, la pasión deliberada del placer, de aquel deseo palpitante recorriendo sus venas.

Era noche aunque demasiado temprano para su insomnio. Se sentó en la cama, abrazó sus piernas sin dejar de observar la guitarra, se estiró, le dio un beso al levantarse, tomó una sudadera, su gorra, cerró la puerta sigilosamente y se introdujo entre las calles. Cruzó una avenida, llegó a un parque, la oscuridad le atraía, se sentó, sacudió la cabeza intentando alejar aquellos pensamientos
que lo atemorizaban,
que lo seducían,
que lo atormentaban.
La noche parecía detenerse, querer ser eterna enredándose en sus cabellos.

La luz de un carro iluminó su rostro, el carro se detuvo, él se levantó, se acercó al auto por inercia, la puerta se abrió y subió sin pensar sintiendo tan solo la velocidad con la cual se lo llevaba la madrugada, el auto parecía deslizarse en el asfalto, los minutos regalaban campos oscuros en la ventanilla, espantapájaros secuestrando cuervos, búhos, silencios.
Pasaron quince minutos recorriendo un camino desconocido, el rechinar de una puerta despertó a Kristian de aquel ensueño, la realidad llegaba a sus manos, la sentía en el sudor, un viento frío erizo su columna, el auto se detuvo y la puerta se abrió. Intentó ver quién la había abierto pero sólo vio una sombra dar vuelta en la esquina de una vieja, tenebrosa y enorme casona.
Bajó del auto, observó el cielo para sentirse acompañado, respiró y al exhalar las luces de la casona se encendieron, otorgándole un poco de paz, caminó, y entró.

La casa estaba limpia, impecable, blanca contrastando con el misterio de la fachada. Inspeccionó y sintió paz, el miedo se alejó de él, fue a la cocina, tomó agua, se sentó en la sala, el sillón era confortable, subió los pies, dejó el vaso en la mesa y cerró los ojos.

Un frío intenso recorrió su cuerpo, entre abrió los ojos y vio a una mujer vestida de rojo entrar por la puerta de la izquierda, se levantó intentando seguirla, pero a la mitad del pasillo sus pies se pegaron al piso, el frío anterior volvió a recorrerlo, se abrazó a si mismo, el suelo lo succionaba, él jalaba sus piernas, el azulejo era una arena movediza.
Desesperado decidió saltar, ¡aaahg! El suelo había decidido no tragarlo. Caminó hacia la puerta de la habitación donde había entrado aquel ser. El centro de la habitación lo llenaba una inmensa pecera, un solo pez vivía en esa agua clara robada del mar. Una sonrisa se perdió en el rostro del recuerdo. De tres pasos se acercó para tocar, para papar al mar comprimido, para acompañar a la inmensidad de aquel océano llevado hasta él.

Kristian se comparaba con aquel pez, pegó su rostro en el cristal viéndolo.
Al estirar la mano para palpar el cristal una voz ronca pero femenina le dijo;
-“De la sal los cuerpos se queman” – Kristian volteó pero no había nadie.
-“De la sal las mareas ronronean en la luna” – repitió aquella voz.
Kristian regresó la mirada, aquel pez había crecido diez centímetros. El miedo le rozaba la piel, pensó en correr, en huir de aquel lugar el cual le había regalado tranquilidad pero no podía, había algo que le impedía irse. El pez seguía creciendo y le dijo:
-“la sal es cuerpo embrujado por escamas, las mentiras son arenas, desierto incansable mientras las pupilas enloquecen en el agua”.
Kristian gritó hasta ensordecer, hasta invadir a los muros con su desesperación, con la angustia in removible, no entendía, ¡tenía que ser un sueño!, pero no, no podía serlo, la noche… ¡pedía que aquella noche desapareciera, anhelaba luz, sol, el día, la pesadilla era demasiada!

Un ruido extremadamente fuerte invadió la habitación, la pecera explotó, pero el agua no se derrumbaba, no caía, aquel pez había desaparecido, el miedo se convirtió en terror al ver al pez transformarse en mujer, en una mujer hermosa a pesar de no tener cabello, esbelta, blanca, intentando tocarlo. Kristian dio un paso hacia atrás, la mujer lo alcanzó, le tocó el rostro y le dio un beso en los labios penetrando en él. Su cuerpo se relajo hasta caer al suelo. Su cuerpo pesaba demasiado para levantarse, pero logró arrastrase hasta la puerta, al salir su cuerpo, el alma de aquel ser salió de su interior. La mujer se quedó en la habitación observando. Kristian la vio fijamente, estaba hipnotizado ante aquel ser deslumbrante, sin saber porqué penetró en la habitación, se acercó a la mujer, inhaló su aroma y lentamente masajeo sus senos, ella no se movía, la reacción la tenía aquella agua abastecida sin cristales, el agua parecía deslizarse. El agua representaba la excitación de aquella mujer misteriosa, él sin dejar descansar los senos, la besó sin censuras, soltando uno de sus senos para descubrir cada parte, para armonizarse de aquel cuerpo. El agua se violentaba cada vez más conforme él la invadía, aquel extracto de mar parecía jadear, gemir. Él se desconocía, se había olvidado, había relegado al miedo, sus cuestiones arrinconaban la eternidad de la noche. Su lengua mojaba el cuerpo de esa criatura, de repente, el agua se desbordó, ella había llegado al extremo, el orgasmo los invadía, él sentía la humedad, no sentía nada más. Ella desapareció bajo la sal, él abrió los ojos, la vio perderse en la sal, inmóvil intento salvarla mientras ella le decía “la creación es de sal, la pasión es agria sin cortarse las piernas, sin crearse heridas en los sexos, el sexo es tenue en el cáliz cuestionado por la luz”.
No entendía, sólo sintió el resbalar de una lágrima en su rostro, la cual al caer en la sal la cristalizó quedando un espejo inmerso en el suelo.
Kristian se pegó a una pared recargándose en un apagador, la luz se fue, él buscó desesperadamente el apagador, su propio miedo regresó la luz, era difícil entender la humedad con la cual había quedado su cuerpo mezclada con el sudor.
Aquel espejo parecía suavizarse, moverse como el mercurio, Kristian gritó y se dejó caer.
Fue un grito de demencia, de silencio, de tiempo, de él, si, de su interior, de su alma. En ese instante el mar de mercurio se convirtió en arena. Él observó, la tocó, se quitó la sudadera y la baño con aquella diamantina de arena, sus ojos veían hacia todos los puntos sin ver nada, embarró nuevamente la sudadera y salió corriendo por la ventana. El día había vencido a la noche.
Corrió hasta llegar a su casa, abrió y cerró la puerta sin preocuparse por el ruido, entró a su cuarto, buscó el alcohol, dio el último trago, se acercó a su cama, quitó la sábana de la guitarra y puso la sudadera sobre ella, un viento frío se instalo en su cuerpo. Una nube tapó el sol. La madera de la guitarra se movió, se amoldó, el color cambio, un rojo oscuro bautizaba el barniz, él reía, las cuerdas sonaban estridentemente sin ritmos, sin matices. Le había devuelto la vida a aquel demonio, a esa mujer hermosa transparente. Kristian acarició aquel ser de madera, se desnudo, la acarició, las cuerdas se separaban, se enrollaban formando los pezones de los senos abundantes de aquel ser.
Las palabras no existían, el excitado no comprendía o entendía demasiado, le había otorgado a su guitarra lo que le faltaba, ¡su alma!
Aquella madera renacería cada vez que fuera tocada, en cada nota, en cada acorde, tenía sangre por eso el color – repetía Kristian en su mente mientras satisfacía su deseo-, la cadera de la guitarra entró entre sus rodillas, sujetó sus piernas con la mano izquierda presionando sus senos, su ombligo con la derecha. El tiempo se disipaba en esa realidad, los segundos acrecentaban el instante, la melodía había llegado a su fin, las cadencias caían, la fe se aseguraba, la armonía era precisa, un rasgueo, una nota, un silencio, el jadeo, la saliva, la lengua sobre los ojos, el clímax, el… cansancio.
Soltó la guitarra, regresó a la realidad, se asusto, enloqueció, la guitarra tomó su forma natural, él intentaba comprender, tomó la guitarra nuevamente para perderse, la guitarra se transformaba, la soltó, ella regresó a su forma natural.

Kristian se asomó a la ventana, las nubes destapaban el sol, observó sus manos, sus dedos, su sexo desnudo, reconoció el instinto, se acercó a la guitarra, acomodó su cadera junto a su músculo erecto, el nacimiento comenzaba, sacaba notas, acordes, jadeos, caían sudores, flujos, recuerdos, el olvido se transformó en instantes, momentos en los que se entregan los cuerpos, momentos donde se intercambian las almas, momentos sin tiempo entre aquel intercambio perpetuo, tal vez un poco enfermo, donde la música se posesiona del cuerpo y las almas arrullan al mar sin la necesidad del viento…
Bendíceme
desclava tus manos
mientras mis labios
buscan el vino
en tu semen

desclava tus pies
y has de mi carne
una hostia
blanda
morena

tira la túnica de tu cuerpo
se Adán entre mis piernas

sin pecado
sin acecho

no me entregues tu Nombre
saborea mis senos
amamanta tu regreso
rodea mis pezones
y deja su color en tus llagas

súbeme a tu cruz
clava mis manos
escúchame
y pregona mi evangelio

tranca mis pies
desnúdame
y huele la sentencia

palpa tu libertad
inmortaliza la esclavitud
en mi caída
y crucifícame

roza mi seno derecho
muerde el izquierdo
y que tus dientes
atesten de espinas
mi corona
bendíceme
y vete
el manto se ha rasgado
y Tú
me has entregado

Me hinco
en el regazo de mi hombre
lo succiono
lamo su humedad
y me recicló

me postro
me humillo
pido su falo en mi boca

su semen
me sacia
y el silencio
ja

de
A

llora

me fastidio
me levanto
me persigno
y en la cruz
busco
mi
verdadero
Hombre
En tu evangelio
incorporarme en tu Nombre
sin retornar el Misterio
y liberar tus piernas
al desclavar tus manos

succionar tus heridas
quitar tu corona
sembrar las espinas

bautízate en mi saliva

olvida la cruz
recuéstate
acomoda tus labios en mis senos
recuerda la creación

recuerda mi nombre
“Mujer”
no puta
no adultera
no Magdalena
no Eva

murmúrame un rezo
y en tu instante
dame tu piel
limpia de sangre

... a anak






Deja que la noche
nos abrace los ojos
que el espíritu se revuelque
en el pensamiento
de mi cuerpo frágil
progenitor de angustia
evidente para el costado
de tu cuerpo
Soy mariposa negra
roja
de alas rotas


soy mariposa blanca
extraviada en las sombras
al hablar con la luz

mariposa
soy mariposa
nacida en el semen de Marduksin capullo de alma